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El campo de la investigación educativa:
definición y criterios de validez

Rigoberto Martínez Escárcega

 

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Bourdieu utiliza la analogía de un juego de cartas para acercarse a una comprensión intuitiva de campo. Los jugadores aceptan las reglas del juego por el sólo hecho de jugar: “los jugadores son admitidos en el juego, se oponen unos a otros, algunas veces con ferocidad, sólo en la medida en que coinciden en su creencia (doxa) en el juego y en lo que se juega, a lo que atribuyen un reconocimiento fuera de todo cuestionamiento” (Bourdieu, 2005: 151). El juego es una lucha intestina y despiadada entre los competidores por obtener el triunfo. El juego está determinado por el tipo de cartas o especies de capital que se tenga en posesión. “Así como el valor relativo de las cartas cambia para cada juego, la jerarquía de las diferentes especies de capital (económico, social, cultural, simbólico) varía en los distintos campos” (Bourdieu; 2005: 151). El acceso a los diferentes tipos de capital determina el lugar de las posiciones en las relaciones de poder dentro del campo. Existen diferentes especies de capital: capital simbólico (el prestigio dentro del campo); capital cultural (títulos académicos); capital social (la cuna de los investigadores y sus relaciones dentro y fuera del campo); y capital económico (el acceso a los diferentes recursos de investigación). Los jugadores emplean la combinación de sus cartas (especies de capital) para derrotar a los contrincantes. Las pérdidas y las ganancias temporales se convierten en estrategias de guerra para obtener el triunfo final. En la contienda de los jugadores por obtener una posición favorable en las relaciones de poder, el capital se convierte en un arma de guerra. “El capital es aquello que es eficaz en un campo determinado, tanto a modo de arma como de asunto en juego en la contienda, que permite a sus poseedores disponer de un poder, una influencia, y por tanto existir en el campo en consideración, en lugar de ser considerado una cifra desdeñable” (Bourdieu, 2005: 152). La noción de capital, campo y poder están estrechamente relacionadas. Concibiendo al poder como una relación de fuerza. “El poder es la guerra proseguida por otros medios” (Foucault, 2002: 28).

Habría que señalar que la analogía del juego en relación a la comprensión de campo tiene sus límites conceptuales. El campo a diferencia del juego “no es un producto de un acto de creación deliberado, y sigue reglas o, mejor, regularidades que no son explícitas ni están codificadas” (Bourdieu, 2005: 151). El posicionamiento en las relaciones de poder dentro de un campo a diferencia del juego, no dependen del azar. Además en un campo no hay triunfos definitivos, sino hegemonías coyunturales.

La dinámica de un campo depende del nivel de luchas, confrontaciones, distancias, brechas y asimetrías entre las diversas fuerzas específicas que se confrontan entre sí. La dialéctica de un campo cobra forma a través de las relaciones de poder, de las luchas  por general consensos hegemónicos en torno al poder, y de los actos de resistencia desplegados por las posiciones subalternas (Gramsci, 1975). “Como espacio de fuerzas potenciales y activas, el campo es también un campo de luchas tendientes a preservar o transformar la configuración de dichas fuerzas” (Bourdieu, 2005: 155). El campo está constituido por un pugilato político en torno a conservar y transformar las posiciones de poder, y la identidad del campo mismo.

“Los límites del campo están donde los efectos del campo cesan” (Bourdieu, 2005: 154). Las fronteras de un campo, sus límites, sus linderos, se localizan donde la influencia de las posiciones deja de tener influencia. Los efectos de poder de un físico nuclear se diluyen entre un grupo de feministas reivindicando posiciones de género. Los límites de un campo pueden ser objeto de investigación empírica, sin embargo para una comprensión rigurosa, es necesario: 1) analizar la posición del campo frente al campo del poder; 2) trazar un mapa de la estructura objetiva de las relaciones entre las posiciones ocupadas por los agentes o instituciones que compiten por la forma legítima de autoridad específica del campo; y 3) estudiar la adquisición de hábitus entre los agentes. El hábitus hace referencia a la adquisición de una postura, a “una determinada manera de construir y comprender la práctica en su lógica específica” (Bourdieu, 2005: 181).

El campo también está determinado por otros campos, y factores externos. Existen ciertas homologías estructurales y funcionales entre los campos y la estructura del espacio social, es decir, entre la guerra de posiciones dentro de un campo, y la lucha de clases que estructuran una determinada formación social. Sin embargo, es importante señalar que las determinaciones externas nunca se aplican de forma directa al campo, sino que es a través de las diversas posiciones que adoptan los agentes, como se hacen patentes las determinaciones externas.

Habría que señalar por último la especificidad del campo con relación a un aparato o a un sistema. Un aparato, haciendo referencia a la propuesta de Louis Althusser sobre los aparatos represivos e ideológicos de Estado, son un instrumento de dominación al servicio de los intereses de las clases dominantes, que logran homogeneizar conductas que posibilitan la reproducción de las relaciones sociales de producción (Althusser, 1989). Por el contrario, un campo está determinado por la lucha y la confrontación, sin hegemonías permanentes, sino con consensos dentro de las relaciones de poder de corto plazo. Según Bourdieu “los que dominan un campo dado están en posición de hacerlo funcionar para su conveniencia pero siempre deben enfrentarse a la resistencia, las pretensiones, las discrepancias políticas o de otro tipo, de los dominados” (2005: 156). Un sistema desde el pensamiento complejo es definido por Edgar Morin como “unidad global organizada de interrelaciones ente elementos, acciones o individuos” (Morin, 2006: 124). Un sistema es autónomo, autorregulable y autoorganizable. En cambio el campo “es el locus de relaciones de fuerza y de luchas que apuntan a transformarlo, y por tanto de cambio ilimitado” (Bourdieu, 2005: 158). El campo se estructura por relaciones de poder, nace del conflicto y la competencia por la adquisición de ventajas sobre las distintas posiciones, a diferencia de un sistema que surge por el autodesarrollo inminente de la estructura.

Así pues, la estructura de un campo entendido como un espacio de relaciones objetivas entre posiciones definidas por su puesto en las relaciones de poder o posesión de diversas especies de capital, varía de un contexto a otro. Por lo tanto, a pesar de los diferentes niveles de estructuración de un campo, es importante repensar la investigación educativa en términos de campo, poder y capital.

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