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Gonzo Ayahuasca
Cuando usted, lector, habla con un sujeto que es incapaz de condenar el nazifascismo (ejemplo: el nuevo cura de mi pueblo, que huele al Yunque a diez metros) por lo que fue históricamente, y que contesta que Stalin y los comunistas y no sé qué, comparando, amalgamando, entonces, puede usted pensar que está hablando con el enemigo. El cura del ejemplo dice que todas las ideologías son dañinas, negativas. Dice que el fascismo y el comunismo, es igual. Subo el tono y tengo que decirle que nunca se podrán comparar. El fascismo es una ideología racista, y clasista, y cobró casi cincuenta millones de muertos durante la Segunda Guerra Mundial, y el comunismo, es una ideología libertaria que liberó a decenas de millones de gente directa o indirectamente, durante casi un siglo que duró este experimento social.[5] Tengo que recordarle puntos históricos, pero él niega. Y sigue comparando. ¡Llega a decir que no todo es malo! Le hablo de los millones, quemados en los campos de concentración, con la tensión inherente a la situación. Se hace el desentendido y me habla de Stalin y las purgas. Empiezo a tutearlo. Le digo que si estuviéramos en la calle lo hubiera tumbado. Le partiría su madre. Sigue de idiota, se baña en la hipocresía y me dice que me estima mucho. Le contesto que yo no, nada de estima, que si a él le gusta convivir con fascistas, ejemplo, sus amigos del Yunque, que cenan y después toman un coñac, fuman un puro, escuchan un CD de Wagner (o bien el vomitivo de Carmina Burana), y después, se masturban con el retrato de Adolf Hitler, pues yo no ando en esos delirios, y termino para decirle que nadie,[6] en Europa, lo aguantaría cinco minutos, que allá, el antifascismo es la lucha más importante, que el inconsciente colectivo de cada nación está saturado del trauma, de la culpabilidad de los colaboracionistas, del recuerdo concreto del genocidio, que nunca se podrá comparar con ningún otro conflicto (a excepción del genocidio de los nativos norteamericanos, pero en un lapso de tiempo de un siglo, más o menos, de guerras) y que los que defienden (porque no querer condenar es defender) al nazifascismo políticamente o filosóficamente, diciendo que hay que tomar lo bueno y dejar lo malo, como si hubiera algo bueno en eso, son basuras, tarados, descerebrados. Dice que soy un comunista intolerante, y le contesto que soy hijo de argelino, nieto de rumanos-gitanos, y peor que comunista. Tan radical que podría tumbarlo, así nomás. “Eres un pinche revisionista tarado”, le dije, “es imposible hablar contigo.” Salí de su oficina, pensando “a good fascist is a dead fascist.” Llegué a mi casa, puse un tape de Aztlan Underground.
Quizá, usted pensará que soy paranoide, que hay que estar loco para ver neonazis en cualquier esquina, que estoy exagerando. Pues no, no hay que ser parano para eso. Simplemente, siendo consciente del peligro, se percibe, huele. Cuestión de educación, y de entrenamiento. Este cáncer, que no se extirpó (el juicio de Nuremberg fue una farsa), está todavía en cualquier democracia del mundo occidental. Boneheads, cuadros del Opus Dei, paramilitares, católicos-antiaborto-y-asesinos-de-doctores-que-lo-practican, KKK, guardias blancas, milicias privadas, WASP de Aryan Brotherhood, ex OAS, ex DINA, hijos de franquistas, Yunque, exbrigada blanca, croatas-nostálgicos-de-los-ustachis, AUC, Boers sudafricanos, grupos satánicos-del-norte-de-Europa-que-veneran-todo-lo-germánico, hooligans, ultranacionalistas en Europa del este, partido nazi americano, y todos los partidos políticos del hemisferio norte que tienen “nacional” en su nombre (Ej.: Front National, Francia; National Front, Inglaterra; Acción Nacional, México; etc…) conforman la gran familia degenerada de la internacional fascista. Diseminada, esparcida en tres continentes (Europa, América, Australia), y ¿usted pensaría que soy paranoide? En África, con excepción de Sudáfrica, y en Asia, con excepción de Japón, no hay países donde la basura nazifascista pueda reproducirse. Porque es el tercer mundo (a excepción de China) y allá, un poco como aquí en América Latina, la vida no vale nada. A los que filosofan sobre los delirios racistas de Hitler, les gusta la comodidad del primer mundo, o a menudo (en el caso de América Latina) les gusta sentirse de la clase media o alta, se sienten de “sangre azul.” Saint-Just, un revolucionario francés, compa de Danton, Robespierre y Marat, dijo: “nadie puede reinar inocentemente.” Y pasaron miles de monarquistas-enemigos-del-pueblo a la guillotina. Usted, quizá dirá que me salí del tema, pero no tanto. Los que asesinaron a la familia de John Trudell, del AIM, en los setenta, son igual de tarados que los monarquistas europeos. Tienen un sentimiento de superioridad hacia cualquier otra raza, y su racismo está tan viciosamente arraigado en su inconsciente, que a mi, siempre me da asco el simple contacto con esos enfermos. Les dejo la frase de Saint-Just, para meditar, y tres direcciones para profundizar.
Salaam Aleikum. [7]
[5] Ver la descolonización del tercer mundo, ver la salida del feudalismo.
[6] En la franja de la población políticamente educada.
[7] La paz contigo, en árabe