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Las Diferencias de Género ¿Cuestión de Perspectiva?
Sandra Vega Villarreal
Existen numerosos estudios sobre las cuestiones de género, diferentes perspectivas y manifestaciones sobre este fenómeno que se ha venido reconfigurando más ampliamente a partir de los años setenta. Sin embargo, en este breve escrito se trata de enfrentar dos posturas sobre el tema: por un lado aquella postura que se alienta demasiado en la sociedad capitalista, y que va encaminada a ver las diferencias de género, el sexismo, como una cuestión de enfoque, de perspectiva, pero que nada tiene que ver con intereses económicos y políticos. Por lo que los argumentos de esta postura serán discutidos desde la postura de la pedagogía crítica, específicamente desde el feminismo marxista.
Iniciaremos diciendo que el problema de sexismo, de género, no se reduce a si en el discurso se menciona niños y niñas, maestros y maestras, etc. según el uso tan trivial al que lo reducen sobre todo los políticos y los académicos oficiosos; sino que es un problema estructural de la sociedad capitalista, cuyo análisis escapa a los grupos de género que analizan el sexismo desde una perspectiva superficial, ya que este fenómeno encuentra su significado más amplio en el contexto histórico social, en donde pocos incursionan y que a grandes rasgos se describirá a continuación.
El sexismo se remonta a la edad de la civilización, según la clasificación de Federico Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Cuando la familia basada en el matriarcado es desplazada arbitrariamente por el patriarcado, que se establece con la finalidad de dar seguimiento por línea de sangre a la conservación de las propiedades privadas acumuladas por el padre. Anteriormente la consanguinidad fundamental era la que la madre desarrollaba y en caso de que esta falleciera, los beneficiados eran sus parientes, así que el esposo no tenía ningún beneficio de los bienes que aportaba la tribu, todo se quedaba para la colectividad sin responder a intereses particulares.
De esta manera los intereses económicos que consolidan la propiedad privada, desarrollan la familia o matrimonio sindiásmico, donde se reconoce como válida únicamente la consanguinidad engendrada por el padre, aunque fuera con diversas mujeres, las cuales en cambio, eran condenadas a pena de muerte o envilecimiento colectivo por adulterio.
Es así como “la abolición del derecho materno fue la gran derrota del sexo femenino. El hombre llevó también el timón de la casa; la mujer fue envilecida, domeñada, trocose en esclava de su placer y simple instrumento de reproducción. Esta degradada condición de la mujer, tal como se manifestó entre los griegos de los tiempos heroicos y más aún en lo de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada y disimulada, en ciertos sitios hasta revestida de formas más suaves; pero de ningún modo se ha suprimido” (Engels, 1984).
Es por esto, que afirmamos la tesis de que las formas que maquillan el lenguaje de los discursos con el género, el cambio de perspectiva para ver a la mujer con respecto al hombre, no son suficientes para la emancipación de la mujer, pues el problema no es contra el género masculino, sino que es estructural, ya que le subyacen intereses económicos, políticos y sociales que favorecen a una clase en el poder, que cuenta con una serie de aparatos ideológicos y represivos para mantener unas relaciones de producción de explotación, propias de la sociedad capitalista.
A pesar de que se reconoce como avance que se tome en cuenta el género en los discursos y en algunas cuestiones legales; sabemos que son paliativos para suavizar y disimular la condición social de explotación de la mujer, la cual, sólo se emancipará cuando cambie la sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre y se construya una sociedad incluyente, plural e igualitaria. Por lo que existe una necesidad urgente de trascender las posiciones legalistas y superficiales de las cuestiones de género, carentes de un proyecto político alternativo al capitalismo.
Al abordar las cuestiones de género desde aspectos superficiales como: si al hablar o escribir se dice ellas y ellos; si la mujer puede entrar a tal o cual lugar del mismo modo que los hombres; si se veta o no a la mujer de ciertas actividades; que si el hombre aprende diferente a la mujer, etc. no se está replanteando el estudio del género desde una perspectiva social, que conlleve a un verdadero cambio de las condiciones estructurales, que someten no solamente a la mujer, sino también al hombre. Por tanto, se está descuidando la vinculación esencial de la cuestión de género con la sociedad, motivo de existencia de los movimientos feministas, que realmente buscan la construcción de un mundo más justo y humano para todos.
Sin desdeñar los logros alcanzados en esta sociedad capitalista, sobre el reconocimiento de la mujer en ciertos ámbitos, entre ellos, el uso del ellos/ellas en los discursos académicos, políticos y de otra índole, queda claro que la cuestión de género ha sido reducida a aspectos inofensivos que no atentan contra las estructuras de poder. Se trata de aspectos localistas que cuestionan factores secundarios en las estructuras sociales, por tanto, permiten a esta sociedad inhumana y de explotación, legitimarse con la careta de incluyente, plural y multicultural. Lo cual, no es más que una farsa típica del capitalismo y su afán de lucro, pues como dice Zizek el capitalismo obtiene ganancias hasta de la difusión de las diferencias culturales, sexuales y de raza, a las cuales, les da el trato de una mercancía.
Lo anterior lleva necesariamente a retomar los postulados de la pedagogía crítica con respecto a las cuestiones de género, que plantean, que todo proyecto feminista que busque realmente la transformación de las condiciones de explotación de la mujer, tendrá que estar unido a un proyecto político. Es decir, los movimientos feministas, o que estudian las cuestiones de género, que no trasciendan el ámbito particular de las diferencias entre el hombre y la mujer, ni buscan formas alternativas de lucha vinculadas a la comunidad, sino que se restringen al ámbito meramente legaloide y reformista; están socialmente limitadas por esta desvinculación, se ven como luchas ajenas a la población social que habita en este sistema capitalista, dado que no adquieren un sentido de clase social, no cuestionan el orden establecido a favor de una minoría, que a costa de la explotación de una mayoría, se enriquece cínicamente, y por tanto, no se plantea una sociedad diferente a la que ofrece el capitalismo salvaje.
Es por esto, que los movimientos feministas marxistas, vinculados a la pedagogía crítica, son una alternativa social para los estudios de género, que se plantean el reto de estudiar la situación de la mujer y del hombre, no solamente como sujetos, con intereses, emociones, que establecen relaciones entre ellos; sino como seres que forman parte de un todo social, sometidos por las contradicciones económicas, políticas, así como a diferencias culturales, sexuales y raciales, y que además están determinados por una serie de circunstancias históricas.
Una vez comprendida esta alternativa para estudiar las cuestiones de género, que debe ir ligada a una lucha por la construcción del mundo nuevo que es necesario y posible, queda clara la respuesta a la pregunta con que se inicia este escrito. Las diferencias de género no se solucionan con un cambio de discurso, ni de perspectiva, sino que se requiere un cambio estructural de fondo, que se construye desde la acción. Pero desde una acción reflexionada colectivamente, desde cualquier grupo social, ya sea de campesinos, maestros, agrónomos, médicos, enfermeras, luchadores sociales, etc. que consideren la posibilidad de construir un mundo nuevo, menos injusto y más humano.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ALTHUSSER, Louis. La filosofía como arma de la revolución. México. 1989. Siglo XXI editores.
ENGELS, Federico. Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. México. 1984.Editores unidos mexicanos.
LUXEMBURGO,Rosa. La liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. México. 1885. Fondo de cultura económica.
SLAVOV, zizek. El sublime objeto de la ideología. México. 2001. Siglo XXI editores.
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