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Pedagogía crítica, educación latina y lucha de clases en la era del Imperio

Peter McLaren
Nathalia Jaramillo

 

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Dimensiones históricas y materiales latinas

Para entender las formas mediante las cuales la educación de la juventud latinoamericana está siendo afectada por lo que llamamos "la política de borrador", es necesario definir "latino" en su totalidad.

Consideramos importante destacar los argumentos postulados por Marta Giménez (1997), quien sugiere que las etiquetas étnicas como "Latino" o "hispano" trabajan no sólo para solidificar el estereotipo negativo asociado con ese grupo (tal como las opiniones de Huntington sobre la población Latina), pero también oculta y que acentúa tanto diferencias como semejanzas a través de los enclaves étnicos. Por diferencias, sugerimos que Latino constituye una población de amplia variación -a través de la clase y otras dimensiones sociales- y que de ninguna manera, por ningún motivo, comparten o se inscriben a una identidad cultural pura u orgánica. Por semejanzas, también sugerimos que los latinos, vistos como individuos situados a lo largo de un continuo histórico y material diferenciado por el estatus social, comparten rasgos, experiencias y valores con otros grupos de no latinos. El proceso de americanización, o lo que a menudo es llamado la aculturación de círculos académicos y/o la asimilación, no es un proceso uniforme para los latinos en general. Jiménez profundiza particularmente sobre este punto: "Dialécticamente, sin embargo, la cultura no es una cosa que uno aprende o desaprende: Es la experiencia vivida de la gente formada por su posición en la clase y sistemas de estratificación socioeconómicos" (1997: 231). Por lo tanto, es necesario ver a los latinos como un grupo social en todas sus interacciones y considerar la riqueza material de sus formaciones culturales (ver Kincheloe y Steinberg, 1997).

Los latinos o hispanos, es una categoría cultural que denota ambas cosas, el origen nacional (fuera de los EE.UU.) y el estado generacional (para aquellos nacidos en EE.UU.). El origen de la gente sudamericana, centroamericana, cubana, dominicana, puertorriqueña, y mexicana (cruzando a través de dos continentes y diecinueve países) se clasifican como "latinos" al igual que los nacidos en Estados Unidos con raíces latinoamericanas. Lo cual usualmente se omite, sin embargo, los censos colocan a la población latinoamericana sobre 35 millones (Suarez-Orozco, 2001) son algunas de las razones que generan su expatriación. Para un número limitado, su estatus en los Estados Unidos los calificará como exiliados, mientras los otros son remitidos al rango de ilegales o inmigrantes. Como Giménez (2003) apunta, el exilio como constructo político, denota "el retiro forzado del país natal de alguien" mientras que los inmigrantes se marchan de sus países de origen "voluntariamente en busca de oportunidades económicas y de mejora social." Estas dos definiciones aparentemente dispares trascienden de hecho una vía falsa de alternativas. Giménez afirma, desde nuestro parecer, tanto "los exiliados" como "los inmigrantes" tienen más en común que en diferencias, en el grado por el cual los factores sociales, materiales y políticos que demandan su expatriación pueden ser vinculados a los procesos de explotación y acumulación capitalista. Señala ella, "a la vez que el capital se propaga rápidamente en el mundo aprovechándose de las oportunidades de obtener ganancias de manera rápida y cambiante, la devastación económica que deja tras de sí, impulsa a los millones de trabajadores a desarraigarse e incorporarse a los flujos de migración local, regional e internacional" (2003: 1).

Desde la revolución industrial, América Latina ha sido un representante principal del capitalismo opresor, se ha situado a lo largo de la periferia dentro de un sistema internacional capitalista que forza la superexplotación de sus trabajadores. Como lo articula Enrique Dussel, "dentro del sistema capitalista internacional, ellos [los latinoamericanos] terminan estructuralmente por transferir el valor a la capital central y sus centros metropolitanos; a Inglaterra primero, a los Estados Unidos desde 1945, y por último a los gigantes del capitalismo transnacional como Japón, Alemania y el Mercado europeo" (1995: 129). Por consiguiente, la región ahora es caracterizada como una anfitriona de economías dependientes de las firmas transnacionales y de las estructuras internacionales de la Organización Mundial del Comercio, el Banco mundial y el Fondo Monetario Internacional. Hecho vulnerable a lo que Eduardo Galeano (2002) se ha referido como "la mitología del libre mercado y la sociedad de consumo," los falsos profetas de política neoliberal han introducido una era (a partir de 1980 hacia adelante), caracterizada por colapso económico sistemático de Argentina, Bolivia, Brasil, Perú y Venezuela. Y en México, el supuesto "muchacho del cartel" de reforma comercial y la liberalización económica, la desigualdad laboral ha alcanzado su nivel más alto desde 1984 (el Caldo, 2000). Aunque las fuerzas notables de la clase trabajadora y los movimientos indígenas han acompañado estas "crisis" económicas, social y económicamente, la región está en un estado relativo de inestabilidad y discordia. Con un tercio de la población que vive en la pobreza y el 20 por ciento de los más ricos recibiendo el 60 por ciento de la riqueza de la región, América Latina presume de su mayor desigualdad de ingreso en el mundo cerca de Sub-Sahara África (IDB, 2003). Considerando estas trayectorias económicas y sociales, no es sorprendente notar que el 40 por ciento de latinoamericanos que residen en EE.UU. es nacido en el extranjero (NCLR, 2004), una mayoría aplastante (el 54 por ciento) los cuales han venido de México. Cuando los contratistas de obreros implementan redes de empleo, lugares en donde se emplee a toda la familia, y diferentes niveles salariales a través de la frontera suroeste estadounidense crean contextos favorables para la inmigración mexicana (Suarez-Orozco, 2001).

Caracterizado como el programa "Neo-Bracero", la afluencia de trabajadores indocumentados en EE UU funciona para mantener la explotación de una mano de obra que se vende en precios infrahumanos a cambio de la posibilidad de mejora social o al menos un mejor nivel de vida. En la búsqueda de dignidad personal y material, son sus niños quienes en última instancia encarnan la esperanza. Llevando la carga del pasado y la esperanza por el futuro, los niños son ofrecidos -confiadamente- a la institución que promete las visiones triunfalistas de la sociedad humana: la educación.

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