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Peter McLaren
Nathalia Jaramillo
Mucho (pero no todo, por supuesto) del trabajo educativo crítico representativo en los Estados Unidos al igual que el trabajo en áreas relacionadas, ahora aparece desafortunadamente desvinculado de sus especificidades históricas y determinaciones básicas de la sociedad capitalista, para ser un uso más serio en generar el tipo de crítica y práctica que pueda mover a la reforma educativa hacia una mejora social y canalizarla hacia la transformación. Lo que no está en oferta es una visión social alterna de lo que podría o debería parecer el mundo fuera de la forma del valor capitalista. La construcción de una nueva visión de una sociedad humana nunca ha sido tan urgente en el mundo en que renacen las rivalidades entre la burguesía nacional y la formación de la clase internacional donde Estados Unidos busca la supremacía total sobre las otras naciones al controlar los regímenes reglamentarios de las instituciones supranacionales tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Es un mundo donde la clase trabajadora se le impone una jornada de más horas de trabajo por el mismo salario mínimo, lo cual le redituará a la clase en el poder. Aún si la clase en el poder se sintiera obligada a reconfigurar su deteriorada relación con la clase trabajadora, no podría hacerlo y a la vez extraer la plusvalía necesaria para reproducir y mantener su propia clase social construida a través de un legado histórico de la clase privilegiada en el poder. También una época en que el mundo padece una crisis orgánica del capital ya que algunos estratos sociales de las familias estadounidenses aunque no quieren formar parte de las filas de la clase más desprotegida que plantea Marx, es inútil. Ya que aunque quieran o no dentro de su año de servicio militar como la nueva avanzada está destinada a servir a las tropas del imperio capitalista de las cuales se espera que luchen en esta guerra de supuesta prevención declarada por la administración estadounidense bajo la máscara o disfraz de la guerra contra el terror. Cuando como líder de la nación más poderosa que jamás haya existido declaras la guerra no solamente a los terroristas sino también a aquellos que pudiesen algún día convertirse en terroristas, con ello en efecto se declara la guerra al inconsciente de la nación que supuestamente debe servir, alimentando las condiciones psicológicas para que se genere una paranoia nacional. Es una guerra en ambas direcciones y sin dirección, sin límites y sin fin, que no puede ganarse nunca excepto en el campo del bien y del mal que no existe en el plano real sino en las ideas radicales extremistas del fundamentalismo religioso. El detrimento de la seguridad de los estados capitalistas se está haciendo más y más visible a través del mundo, en tanto que los pobres en muchos países en vías de desarrollo y en los desarrollados siguen siendo exterminados por la guerra, genocidio, hambruna, milicia, represión policíaca, esclavismo y suicidio. En un sentido verdadero, el capital se presenta a sí mismo a través de nuestros cuerpos trabajados y gastados. Y en el proceso nos convertimos en "capitalizados," esto es, nos transformamos en mercancías dentro del capital humano. Como actores en el proceso laboral nos convertimos en máquinas para la acumulación del capital, nos transformamos en las quijadas de las hienas cuya compulsión es devorar el valor de la plusvalía; nos transformamos en muertos vivientes, una personificación de trabajo muerto en el escenario de los condenados. Estamos siendo integrados dentro del sistema porque el carácter social de nuestro desempeño laboral parece ser el carácter objetivo del desempeño mismo. Este irreconocimiento se convierte en la condición necesaria por nuestra sujeción a nuestro propio desempeño laboral del pasado y al servicio que le hemos dado al capital a través de nuestro trabajo. El carácter ideológico de nuestro desempeño laboral puede ser entendido solamente cuando lo visualizamos en el plano de las relaciones sociales, como expresiones de alineación de nuestro esclavismo, al proceso de convertirse en mercancía que produce nuestro desempeño en el trabajo. El capital ofrece esperanza para la humanidad pero al mismo tiempo cae en contradicciones por lo que continúa la búsqueda de alternativas en el contexto social.