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Peter McLaren
Nathalia Jaramillo
Una descripción del capitalismo de Tony Wilden tomado de su libro "El Canadiense Imaginario" de 1980 aún parece prevalecer un cuarto de siglo después: el capitalismo se ha convertido en un remolino, la gente del mundo son la fuerza para cortarlo. El capitalismo está a punto de quedar fuera de control como nunca se había visto. Es un sistema que nunca queda satisfecho, no importa lo que hagamos. La colonización de los débiles de la tierra se sigue incrementando. El feudalismo, el esclavismo, y otros tipos de relaciones fascistas -en la familia, en la industria y en campo, en la corporación, en las escuelas- son ahora más opresivas. Al mismo tiempo el intento suicida del capitalismo por colonizar la naturaleza como nunca se está llevando a cabo. Ya no queda duda que los valores de sobrevivencia del capitalismo a corto plazo están en conflicto directo y violento con la sobrevivencia a largo plazo -con los seres humanos- contra cada uno de nosotros que habitamos la tierra. Para que la producción de los valores del mercado siga creciendo, se hace necesario inventar prácticamente valores sin utilidad -y crear y recrear un ambiente de consumidores que piensen que los necesitan. El capitalismo hace caso omiso de las resistencias que intentan las sociedades no capitalistas en su búsqueda por una sobrevivencia a largo plazo como su valor fundamental. Desafortunadamente estas otras sociedades no saben como sobrevivir al capitalismo -y aún tampoco nosotros lo sabemos.
Es importante notar que vivimos en una época en la cual el capitalismo mundial ha tomado la fisonomía de la eternidad o de una infinidad sagrada. La victoria de la civilización occidental sobre la barbarie es el tema histórico mundial que camufla el hecho de que la batalla real es la transformación -por cualquier medio necesario (por ejemplo, cambio de régimen, guerra)- de los países que se niegan a jugar de acuerdo a las reglas impuestas por los comerciantes de libre mercado. (Y aquí los términos de civilización y barbarie implican otros muchos significados diferentes cuando esos términos fueron usados por Marx). La apertura actual de Irak a la democracia del libre mercado es el último ejemplo de esto. Pero aquí el intento de lograr grandes beneficios de la inversión extranjera no se entendería sin su ironía histórica ya que los neocolonizadores y sus maestros en Washington no han logrado obtener todo aquello que cobardemente deseaban.
De acuerdo a Naomi Klein, la gran ironía histórica de la catástrofe sucedida en Irak es que las reformas implantadas que se suponía crearían un crecimiento económico el cual reconstruiría al país han creado por el contrario una resistencia que últimamente ha hecho imposible la reconstrucción. Las reformas de Bremer desataron fuerzas que los neocolonizadores nunca predijeron o esperaron poder controlar, a través de las insurrecciones armadas dentro de las fábricas de decenas de miles de jóvenes sin empleo que se han armado ellos mismos. Estas fuerzas han transformado el año cero en Irak, en un espejo opuesto a lo que los neocolonizadores esperaban: no una utopía corporativa sino una situación de terror morboso, donde si vas a una simple reunión puedes terminar linchado, quemado vivo o decapitado. Estos peligros están tan manifiestos que en Irak el capitalismo global ha retrocedido, al menos por ahora para los neocolonizadores, esto debe ser un choque para su desarrollo: sus creencias ideológicas en la avaricia se han tornado más fuertes que la avaricia misma.
El panorama del camino de la muerte (la destrucción que se llevó a cabo en el camino de Mutlaa, Kuwait, a Basra, Irak) después de la guerra del Golfo pérsico, donde las fuerzas norteamericanas masacraron decenas de miles de soldados iraquíes que retrocedían (y muchos de ellos eran civiles que huían de la guerra) en una masacre infame que fue descrita como matar ovejas que están encerradas en una cerca) aparentemente no fue suficiente para los deseos del movimiento del neocolonizador de línea dura de Bush Jr. ni aparentemente lo fue el embargo de Irak dirigido por los americanos el cual en más de 10 años asesinó a medio millón de niños iraquíes (una acción de violencia que rivaliza con los asesinatos del maniaco homicida Sadam Hussein). Pero ahora que Irak está en las manos de Estados Unidos, algunos de los más fervientes incitadores de la guerra entre los consejeros de Bush -Bush, Perle y Rumsfeld- para quienes romper un compromiso político es equiparable a ser antiamericano, están preocupados ante la oportunidad que tienen en usar el terror de al-Qaeda para lanzar una gran guerra contra más naciones islámicas malévolas debido a que son un peligro constante, ya que las oportunidades adicionales para rediseñar el mapa del medio oriente a través del poder militar podría perderse. Cuando en 1973 Henry Kissinger (el entonces asesor de seguridad de Nixon) se refirió a la fuerza militar como tontos, animales estúpidos para ser usados, como vagos de la política extranjera, él reflejaba lo que aún prevalece como la actitud dentro del complejo industrial de la milicia estadounidense. Uno de los aspectos de la vida más alarmantes en los Estados Unidos después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Para nosotros ha sido la postura religiosa que caracteriza la demanda de Bush al considerarse un enviado especial de Dios. A los ojos de muchos norteamericanos este reclamo ha provisto a Bush hijo de autoridad moral no solamente para ordenar a los tontos, animales estúpidos de la nación que hagan la guerra, sino de convertirse en una gran masacre ocasionada por las armas militares más temidas por el mundo, en una gran fosa común hecha por malhechores que han sido juzgados por su administración como enemigos de la civilización sin temor a equivocarse cuando se lleva a internalizar la monstruosa vanalidad de un universo de dioses y demonios, Bush ha sido efectivo en ponderar la figura de Dios en el capitalismo como una estructura predilecta por su bondad. Bush es capaz de vender capital al público con mayor efectividad a través de las palabras de la profecía religiosa que con una montaña de billetes verdes con la leyenda "en Dios confiamos." Para los verdaderos creyentes, Dios aparentemente regula al mundo a través de la desregulación de la economía, donde los seres humanos pueden levantarse de las cenizas de la pobreza hacia una fuente del sueño americano de la clase media si solamente ellos se prestaran al inevitable interés capitalista y creyeran que los agiotistas y mercaderes globales harán mejor la vida de cada persona. Cuando una guerra puede ser llevada a cabo en contra de naciones soberanas "por la clase trabajadora en contra de la misma clase trabajadora, en beneficio de los ricos," entonces es una situación que será ganada por la milicia capitalista de Dios. Después de todo, confiar en Dios es la forma más segura de convertirse en rico, tal como las megaiglesias evangélicas lo vociferan al predicar sus oraciones de prosperidad por todo el país. Un comentario reciente que se opone por parte de Jonathan Steinberg señala que la pobreza aún existe en América, como lo manifestó Bush en el congreso de la unión en el 2003, debido a que los pobres encuentran la caridad cristiana verdadera entre sus vecinos. De ahí que su conservadurismo compasivo requiere de iniciativas basadas en la fe a través de iglesias locales y no de impuestos crecientes. Y esta visión prevalece en el común del público estadounidense en una época donde los pobres se están convirtiendo más en homólogos contemporáneos de la era explotadora y agiotista de Dickens, los olvidados y los excluidos que son el desecho social que cubre los espacios de la filas proletarias que plantea Marx.