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Pedagogía crítica, educación latina y lucha de clases en la era del Imperio

Peter McLaren
Nathalia Jaramillo

 

Es evidente en todo lugar que los educadores de avanzada plantean un rechazo anticipado en lo que seguramente se convertirá el mundo si el capitalismo mundial logra su objetivo. Ya se han dejado ver las fricciones que el capitalismo neoliberal ha dejado con sus retrogradas guerras imperialistas: la amenaza de la pobreza permanente, la hecatombe ecológica, la sorprendente concentración de la riqueza en muy pocas manos, un avance incesante de inseguridad y desempleo para las ya de por sí afectadas comunidades así como el empeoramiento de los estándares de calidad de vida de las grandes masas de la población mundial. La explotación infrenable que ha marcado la globalización capitalista ha significado la consolidación del poder de los ricos y la devastación del nivel de vida de los pobres. En tanto que las corporaciones de los oligopolios se tragan el globo mundial, la industria se ve dominada por las nuevas tecnologías, la distribución del ingreso de por sí raquítica se torna más extrema y los sindicatos se vuelven gradualmente más débiles y no combativos. La esfera privada transnacional ha sido colonizada por el capital globalizado como lo son las corporaciones, las instituciones financieras, y los ricos acaudalados toman cada vez más control de la producción y distribución del valor de la plusvalía. La creación de las condiciones favorables de la inversión privada se ha convertido gradualmente en la función cardinal del gobierno.

Desregulación entendida como la adaptación de las leyes de acuerdo a los intereses de la inversión privada, privatización de los servicios públicos y los recortes en el gasto público en materia de bienestar social han sido el efecto natural de este proceso.

En efecto, los mercados financieros controlados por inversionistas extranjeros regulan la política gubernamental dado que la inversión del capital está fuera del control político. Incluso los ciudadanos en el floreciente oeste no cuentan con una seguridad en donde puedan encontrar viviendas que puedan costear, educación para sus hijos o asistencia médica; y es en efecto el Fondo Monetario Internacional y la Organización del Mercado Mundial quienes definen las funciones reglamentarias al margen de procesos democráticos en la toma de decisiones. Son estas instituciones burocráticas las que han fijado las reglas y fungen como árbitros entre los poderes económicos dominantes, disminuyendo severamente el poder de los gobiernos para proteger a sus ciudadanos y enterrando con ello la esfera pública democrática en este proceso.

Estamos ahora en medio de la epidemia de la sobreproducción, y de una explosión masiva de los obreros desposeídos y desempleados que viven ahora en cinturones de miseria o en casas de cartón en el corazón mismo de muchos de nuestros centros metropolitanos. En lo que nos damos cuenta de esta forma viciosa de explotación de los pobres sin límite que la historia ha presenciado durante el último siglo, seguimos siendo testigos de un refeudalismo del capitalismo, que se erige a sí mismo con las características más bárbaras propias de explotadores y agiotistas.

La lucha de la izquierda contra lo que parecer ser una fuerza inmutable e indestructible refleja la agonía histórica mundial entre el socialismo o la barbarie, sólo que en esta ocasión esta batalla ocurre en un momento histórico en que el capital posee una ventaja ilimitada en un mundo en donde sólo una superpotencia ha desplegado su milicia dentro de una furiosa presión por parte del neoliberalismo global. Los esfuerzos de la clase privilegiada transnacional con miras a desaparecer los sindicatos, incrementar los costos de utilidad en pueblos como Soweto, privatizar el sistema de agua en Cochabamba, Bolivia, de introducir el mercado de antibióticos tales como zitromax, augmentin, braxin a la niñez enferma a través de compañías de medicamentos cuyos investigadores de mercado ayudan a explotar las vulnerabilidades de desarrollo de los niños, ha dejado claro que venderían las mismas lágrimas de los pobres a ellos mismos si ello le significara un alto margen de ganancias. En los Estados Unidos en nada ayuda al patriotismo saber que la mayoría de las banderas norteamericanas que adornan las casas, negocios y autos en todo el país desde el 11 de septiembre son hechas en China, y que el creador del póster de la frase "Compra en América" ahora observa que la cadena de Wolmar que fundó importa el 60% de su mercancía desde China mucha de ella bajo condiciones de dudosa calidad, pero ¿verdaderamente les interesa la importación de mercancía China? en un país donde la mayoría de la industria de los Estados Unidos se encuentra en situaciones similares, cuando incluso el departamento de defensa compra algunos de sus uniformes en ese tipo de industrias.

En tanto que en Estados Unidos una intensificación general en el mundo laboral se genera rápidamente. Un injustificado incremento del día del trabajo, recortes en los recursos de los programas sociales, recortes de pago de impuestos para los más ricos, violaciones desmedidas de las leyes por los directores corporativos y una ausencia de fuentes de trabajo de planta. Esto está ocurriendo en el marco de la euforia del imperialismo: la guerra contra el terrorismo y la imposición de una democracia de libre mercado. Es difícil posicionar una alternativa socialista en tal miseria global sin sentir lo que Sísifo subiendo su gran piedra en el reino de la muerte o como Tántalos posicionado en América al tener cerca su alimento y cada vez que quiere alcanzarlo éste se mueve quedando fuera de su alcance.

El capitalismo nos abraza con sus ansiosos tentáculos aún cuando nos revelamos contra él, en tanto que las democracias de libre mercado se diseminan globalmente como esporas de hongo en un tornado, aquellos cuyo poder laboral está por los suelos tienen la opción de vender sus órganos, trabajar en plantaciones o minas, o prostituirse. Sin embargo, Estados Unidos tiene la libertad de exportar sus desechos a Latinoamérica donde las industrias maquiladoras establecen su radio de libre mercado. En África el gran negocio es venderles ropa usada que les fue quitada a cadáveres en lugares como el Congo, Nigeria, Laos, Liberia, Uganda, Kenia, Tanzania, Malawi y Togo donde el capitalismo global ha convertido a África en el mercado del reciclado mundial que incluye no solamente ropa de segunda mano sino también medicina caduca, computadoras antiguas, refrigeradores y sistemas de aire acondicionado contaminantes, colchones viejos y autos usados que se importan del Japón.

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