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Rigoberto Martínez Escárcega
Es evidente que a las diferentes teorías del aprendizaje derivadas del campo de la psicología les subyacen implicaciones epistemológicas.
Partiendo de que “la epistemología se ocupa del proceso de construcción de los conocimientos científicos” (Braustein, 1975:7), es innegable que en cualquier definición de aprendizaje entran en juego los papeles que se le otorgan al sujeto de conocimiento, al objeto cognoscente y al conocimiento derivado de la relación de éstos.
La relación gnoseológica entre sujeto de conocimiento y objeto cognoscente lleva a establecer varios modelos del proceso de conocimiento y, dentro de ellos, a enmarcar a las teorías del aprendizaje arriba expuestas.
¿Qué es el conocimiento? ¿Es posible conocer el mundo que circundamos? ¿Cómo saber si el conocimiento que tenemos del mundo circundante es verdadero? Ante estas interrogantes, surgen diversas respuestas dependiendo de cómo se conciba al sujeto, al objeto y al conocimiento. Es decir, desde la perspectiva filosófica desde la que se aborden.
Se tomarán como marco de análisis, tres modelos del proceso de conocimiento, que se han denominado: el modelo materialista, el modelo idealista y el modelo dialéctico.
Es importante hacer notar que los modelos de conocimiento descritos no agotan ni de cerca la discusión que en el ámbito de la epistemología ha desarrollado la filosofía a través de la historia de la humanidad, pero que, para los fines propuestos en este trabajo, ofrecen la ventaja de la síntesis y la esquematización que ayudan a comprender de manera más didáctica las implicaciones filosóficas del aprendizaje.
Visto el aprendizaje como un cambio de conducta, resultado de los estímulos del medio ambiente, concepto derivado de las teorías ambientalistas del aprendizaje, se enmarca en relación al proceso de conocimiento, en un modelo materialista.
El modelo materialista considera al “objeto como existiendo independientemente del sujeto, lo concibe como mundo objetivo y, en sentido estricto, como objeto de cognición” (Rosental y Ludín, 1976:22). El conocimiento, por tanto, es resultado de la presión ejercida por el objeto sobre el sujeto. El conocimiento es la imagen refleja del objeto en la mente del sujeto, es la transmisión de las características del objeto al sujeto.
En este modelo, el objeto juega un papel activo, en tanto que el sujeto desempeña un papel eminentemente pasivo. Según Adam Schaff (1974:83), en este modelo “el objeto de conocimiento actúa sobre el aparato perceptivo del sujeto que es un agente pasivo, contemplativo y receptivo; el producto de este proceso, el conocimiento, es un reflejo o copia del objeto, reflejo de cuya génesis, está en relación con la acción mecánica del objeto sobre el sujeto.”
Lo objetivo es lo que procede del objeto, lo que tiene validez universal, poder de generalización y lo que está exento de emotividad por parte del sujeto. En contraparte, lo subjetivo es el conocimiento que proviene del sujeto, que sólo tiene validez en lo singular y es producto de la parcialidad y afectividad del sujeto.
En el modelo materialista se logra un conocimiento objetivo en la medida en que el sujeto recoge fielmente la imagen del objeto, restringiendo su actividad y su emotividad por completo.
A pesar de las deficiencias del modelo materialista, tiene el acierto de encarar enérgicamente la existencia de un mundo objetivo independiente del sujeto, susceptible de cognición.
Cuando se parte de concebir al aprendizaje como reestructuración cognitiva del sujeto, postura que se desprende de las teorías cognoscitivistas del aprendizaje, se enmarca desde el punto de vista epistemológico, en un modelo idealista.
Para el modelo idealista, el mundo existe sólo en tanto que el sujeto cobre interés por él. Es el sujeto el que a partir de sus intereses la da sentido y existencia al mundo. “El idealismo subjetivo, entiende al sujeto como unidad de la actividad psíquica del individuo y, elimina al objeto, concebido sólo como conjuntos de estados del sujeto.” (Rosental y Ludín, 1976:23)
En este modelo, el sujeto juega un papel eminentemente activo y el objeto totalmente pasivo. “El predominio, o la exclusividad, vuelve al sujeto cognoscente que percibe el objeto de conocimiento como su producción.” (Schaff, 1974:85)
Para el modelo idealista, el conocimiento es producto únicamente del sujeto, al margen del mundo objetivo. Por tanto, el conocimiento objetivo, sobre todo en las ciencias sociales, no es posible. La verdad, producto de conocimiento subjetivo, es relativa, depende del sujeto que la produce. Un objeto no puede ser igual en más de un sujeto a la vez.
A pesar del agnosticismo del modelo idealista y de las limitaciones que se desprenden, tiene el gran acierto de otorgarle un papel activo al sujeto y de rechazar las verdades absolutas.
Cuando se parte de que el aprendizaje es producto de la interacción del sujeto colectivo con el objeto de conocimiento, a través de la acción transformadora, como se desprende de las teorías interaccionistas del aprendizaje, se enmarca en un modelo dialéctico del proceso de conocimiento.
El modelo dialéctico comparte con el modelo materialista la postura de concebir la existencia del mundo, independiente del sujeto. Pero, a su vez, comparte con el modelo idealista, el papel activo que le otorga al sujeto en el proceso de conocimiento. Por tanto, para el modelo dialéctico, el sujeto y el objeto forman una unidad indisoluble en donde los dos juegan un papel activo y mutuamente condicionante.
El sujeto es un ser condicionado socialmente por el espacio y el tiempo en donde le tocó vivir. Los intereses de clase son inherentes a la visión del sujeto. Los individuos están históricamente condicionados.
El objeto de conocimiento, ya se trate del mundo natural o del mundo social, está sujeto a contradicciones, a la unión y lucha de contrarios, que son el motor del cambio y la transformación incesante.
El conocimiento es práctica, producto de la acción que ejerce el sujeto sobre el objeto y viceversa. El individuo sólo puede llegar a conocer el mundo que lo rodea en tanto ejerce una acción para transformarlo, lo que, a su vez, provoca una transformación en él. El sujeto y el objeto están mutuamente condicionados.
En el modelo dialéctico, el conocimiento es objetivo y subjetivo a la vez. Objetivo en tanto el sujeto trata de captar el mundo que lo rodea para transformarlo. Pero, subjetivo, en tanto que todo conocimiento es producto del sujeto, por lo cual, no está libre de parcialidad que le impone los intereses de clase.
Para este modelo, el conocimiento objetivo no es absoluto como lo define el materialismo, pero, tampoco es relativo como pugna el idealismo, sino que es parcial, históricamente determinado, es un proceso inacabado, condicionado por el desarrollo de la técnica y el papel que el individuo juega en él, ya que conocer es transformar.