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Un acercamiento crítico a las teorías del aprendizaje

Rigoberto Martínez Escárcega

 

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El pensamiento es consecuencia directa del proceso de evolución y adaptación biológica. Partiendo de la necesidad de equilibrio entre organismo y medio, que asegura la existencia y se manifiesta en los seres inferiores de la escala zoológica por medio de la alimentación y los tropismos, llegamos a los que poseen sistemas nerviosos superiores estructurados. En éstos, el proceso de adaptación y la consecuente sobrevivencia están principalmente asegurados por la actividad sensomotriz, esto es, la sensibilidad provista por el sistema nervioso y las respuestas de éste. Por tanto, el pensamiento es una derivación ineludible de la actividad sensomotriz; surge, según Wallon, en el niño aproximadamente a los cuatro años de edad, cuando los esquemas conceptuales de la sociedad se interrelacionan con los esquemas sensomotrices del individuo; en la historia del hombre, se constituyó por la amalgama de su actividad práctica con el lenguaje que comenzaba a crear.

La inteligencia por el contrario, representa una instancia superior. Únicamente puede desarrollarse teniendo como base el pensamiento, pero, se separa y distingue de éste tanto en su forma activa como en su finalidad.

Es usual llamar niveles de inteligencia en el niño a las etapas del desarrollo mental. Es un error. Hasta que el pensamiento no se ha constituido definitivamente, no comienza a perfilarse la inteligencia, que no representa como el pensamiento un proceso de adaptación a la realidad por medio de esquemas conceptuales, sino, por el contrario, transforma la realidad e impulsa al individuo a realizar un nuevo proceso de adaptación. (Merani, 1969:96-97)

El pensamiento ayuda a vivir, la inteligencia obliga a transformar radicalmente la realidad en la que se vive. Para Wallon, la condición humana únicamente existe por la inteligencia, que exige una constante lucha por transformar el mundo.

Discípulo de Wallon y cofundador de la psicología genética, Jean Piaget es, sin duda alguna, para la psicología un teórico reconocido mundialmente.

Auque inicialmente Piaget se interesa en el estudio de la inteligencia desde el punto de vista biológico, su trabajo con niños va a dar como resultado una teoría que revolucionará el pensamiento psicológico e influirá grandemente el campo educativo.

Piaget, al abordar el estudio del desarrollo y nacimiento de la inteligencia en el niño, parte del análisis entre la razón y la organización biológica, ya que es evidente que existen ciertos factores hereditarios que condicionan el desarrollo intelectual.

Con relación a la organización biológica, para Piaget existen dos grupos de factores hereditarios: el primer grupo es de orden estructural y está relacionado con la constitución de nuestro sistema nervioso y de nuestros órganos de los sentidos. El segundo grupo se trata, ya no de la transmisión de una u otra estructura, sino de una herencia del funcionamiento mismo de la organización biológica.

Respecto de la inteligencia en cuanto tal, encontramos de nuevo la misma distinción. Por una parte, existe una herencia estructural, niveles de inteligencia superiores a los monos, etc., heredados por la estirpe humana, en el plano filogenético. Pero, por otra parte, existe también la herencia de la actividad funcional de la razón, es decir, ciertas funciones de coherencia, la capacidad de establecer relaciones, etc.

Ahora bien este segundo tipo de realidades psicológicas hereditarias, llamadas invariantes funcionales, son de una importancia capital para el desarrollo de la inteligencia. En efecto, si verdaderamente existe un núcleo funcional de la organización intelectual que procede a los organización biológica, es evidente que estas invariantes funcionales orientarán la construcción de estructuras que el sujeto vaya realizando, en contacto con la realidad.

Para Piaget, la inteligencia es un caso particular de la adaptación biológica, lo cual supone que es una organización y que su función es la de estructurar el universo, como el organismo al medio ambiente. Entonces, para entender qué es la inteligencia, es necesario describir los mecanismos funcionales del pensamiento, separando las invariantes funcionales de las estructuras hereditarias o construidas por el sujeto.

En las invariantes funcionales entran en juego, a su vez, dos funciones biológicas más generales: la organización y la adaptación. Empecemos por analizar la última función.

Existe adaptación cuando el organismo se transforma en función del medio y cuando esta variación tiene por efecto un crecimiento de los intercambios entre el medio y él mismo, favorables a su conservación. Por tanto, adaptación es, a su vez, asimilación de los elementos del medio a las estructuras del individuo y acomodación de las estructuras del individuo a los elementos del medio, todo ello a través de la acción.

Piaget (1990:16-17) explica los mecanismos de la adaptación de la siguiente manera:

La inteligencia es asimilación en la medida en que incorpora a sus marcos todo lo proporcionado por la experiencia. Bien se trate del pensamiento, que, gracias al juicio, hace entrar lo nuevo en lo conocido y reduce así el universo a sus nociones propias, o de la inteligencia sensoriomotriz, que estructura igualmente las cosas percibidas reduciéndolas a sus esquemas, en todos los casos la adaptación intelectual implica un elemento de asimilación, es decir, de estructuración mediante la incorporación de la realidad exterior a unas formas debidas a la actividad del sujeto. Que la vida mental sea también acomodación al medio ambiente, no permite la más mínima duda. La asimilación jamás puede ser pura, porque al incorporar los electos nuevos a los esquemas anteriores, la inteligencia modifica sin cesar estos últimos para ajustarlos a los datos nuevos. Pero, a la inversa, las cosas jamás son conocidas en sí mismas, puesto que este trabajo de acomodación no es nunca posible más que en función del proceso inverso de asimilación.

En resumen, la adaptación intelectual, al igual que cualquier otra, es una puesta en equilibrio progresivo entre un mecanismo asimilador y una acomodación complementaria.

Pero siempre y en todas partes, la adaptación no ha terminado, más que cuando desemboca en un sistema estable, es decir, cuando hay equilibrio entre la acomodación y la asimilación.

El concepto de equilibrio conduce a la función de organización, la cual es inseparable de la función de adaptación: son dos procesos complementarios de un mecanismo único, siendo la organización el mecanismo interno del ciclo y la adaptación el externo. Por lo que, la adaptación sería la concordancia del pensamiento con las cosas y la organización la concordancia del pensamiento consigo mismo. En palabras de Piaget (1990:18), “el pensamiento se organiza a sí mismo adaptándose a las cosas y es al organizarse a sí mismo como estructura las cosas”.

Por tanto, para Piaget, la inteligencia más que ser una simple contemplación, es una construcción de relaciones a partir de la acción.

La inteligencia se hace posible por la herencia funcional del individuo, identificando dos fases fundamentales dentro de su desarrollo: la inteligencia práctica o sensoriomotriz y la inteligencia reflexiva o gnóstica.

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