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Rigoberto Martínez Escárcega
El estudio del aprendizaje ha sido abordado principalmente por la psicología, así que resulta coherente iniciar con un breve análisis de las teorías del aprendizaje formuladas en el ámbito psicológico.
Aunque el surgimiento de la psicología es reciente, se podría remitir a 1879, año en que Wilhelm Wundt fundó el primer laboratorio de psicología experimental en la universidad de Leipzig, Alemania, se han desarrollado, hasta la actualidad, una gran variedad de teorías psicológicas que sería prácticamente imposible e impráctico, tomando como referencia los propósitos planteados en esta investigación, sistematizar el estudio del aprendizaje. Entonces, se optó, por describir a grandes rasgos, las principales posturas en torno a la concepción del aprendizaje.
Para los fines que interesan al presente estudio, se clasificaron en tres grandes grupos a las diversas teorías del aprendizaje: ambientalistas, cognoscitivistas e interaccionistas.
En la denominación de teorías ambientalistas, se agrupan una serie de trabajos que incluyen a la psicología introspectiva, al asociacionismo, al conexionismo, a la reflexología, al conductismo clásico y al neoconductismo. A pesar de la diversidad de los planteamientos de estas teorías, tienen en común una apreciación sobre los factores que más influyen en el aprendizaje.
El principal representante de la psicología introspectiva es Edward Bradford Titchener, quien, en colaboración con Wundt, funda la psicología experimental como una rama científica independiente de la filosofía. Para estos teóricos, la psicología debería estudiar sólo lo referente a los estados de la conciencia. Titchener (citado en Marx y Hillix, 1983:45) definía la conciencia como “la suma total de las experiencias de una persona, tal y como están en un momento dado.” Por lo tanto, la meta del psicólogo era analizar la experiencia mental concreta en sus elementos más simples, de forma objetiva, experimental, rigurosa, sin intervención de la subjetividad que pudiera resultar de la interpretación del investigador.
Wundt y Titchener aceptaban como únicos métodos válidos para la ciencia de la psicología el control y el análisis. Destacaron al máximo la importancia de la experimentación. El conocimiento debería ser empírico y dieron forma al método introspectivo como el medio más eficaz para el estudio de la mente humana.
Para la psicología introspectiva, el aprendizaje, como la experiencia, era un objeto de estudio empírico, susceptible de ser controlado. Por lo que, el aprendizaje era toda aquella información recibida por el sujeto a través de la experiencia.
A pesar de las grandes limitaciones, se puede considerar a la psicología introspectiva como la fundadora de la psicología como ciencia.
El asociacionismo más que una escuela psicológica, es un principio psicológico. El asociacionismo tiene como antecedentes la filosofía de los empiristas ingleses: Bacon, David Hume, Thomas Hobbes, John Locke, entre otros, quienes ante la pregunta epistemológica ¿cómo conocemos? responden: por medio de los sentidos. Y ¿de dónde vienen las ideas complejas? De la asociación de otras más simples.
H. Spencer, por su parte, aplicó la concepción asociacionista no sólo al orden de las ideas, sino también al de las conductas.
Sin embargo, van a ser tres grandes teóricos, Herman Ebbinghaus, Edward L. Thorndike e Iván Petrovich Pavlov, quienes llevaran las tesis asociacionistas a dar forma a teorías mucho más rigurosas sobre el aprendizaje.
Ebbinghaus introdujo una modificación profunda en el modo de trabajo del asociacionismo. La tendencia había sido comenzar con asociaciones ya formadas y tratar de inferir el proceso de formación. Ebbinghaus comenzó por el otro extremo, estudiando la formación de las asociaciones, verbigracia: cómo las sílabas sin sentido daban forma a las palabras y, éstas a las oraciones, las cuales asociándolas, hacían posible las ideas complejas. De esta manera le fue posible desarrollar un estudio científico sobre el aprendizaje, el cual era definido como una asociación de ideas.
Thorndike establece como punto de partida la conexión nerviosa entre el estímulo y la respuesta. “La gran mayoría de las conexiones a estudiar en el aprendizaje humano comienzan y terminan por un cierto estado del cerebro humano que constituyen las relaciones entre los hechos mentales”. (Bianchi, 1990:60-61)
Thorndike sostiene que la respuesta del comportamiento de un sujeto que aprende en relación a un estímulo dado está condicionada por la fuerza de la conexión que las une. El aprendizaje depende del número de veces que se produce la conexión entre estímulo y respuesta. Aprender es conectar.
Thorndike enuncia tres leyes del aprendizaje: a) la ley del ejercicio, que sería el método de fijar la conexión entre el estímulo y la respuesta; b) la ley del desuso, que sostiene que la fuerza de una conexión disminuye cuando no se reitera la conexión entre estímulo y respuesta y, c) la ley del efecto, que consiste en eliminar las respuestas no deseables y reiterar las deseables.
Los principios de la teoría conexionista de Thorndike han sido muy aplicados en el campo educativo, sobre todo el principio de que el aprendizaje se logra por ensayos y errores, así como el principio de que es posible reforzar un aprendizaje con la reiteración y eliminarlo con la dispersión del efecto.