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La Historia de la Bestia

Rigoberto Martínez Escárcega

 

A MANERA DE INTRODUCCIÓN O, MEJOR DICHO, CALENTANDO MOTORES


A la entrada del nuevo milenio el análisis de la realidad social se vuelve complejo. Por un lado presenciamos el estrepitoso derrumbamiento del socialismo real en las repúblicas soviéticas, y por otro lado, contemplamos atónitos la imposición del capitalismo salvaje a nivel mundial. La brecha entre los más pobres y entre los más ricos se vuelve abismal; la volatilidad del capital financiero se convierte en una amenaza latente sobre las economías nacionales; las prerrogativas laborales y sindicales se desvanecen como castillos de arena; las ganancias desaforadas de las corporaciones financieras multinacionales ponen en estado de emergencia el ecosistema planetario; la xenofobia, el racismo y el sexismo se vuelven moneda corriente en la vida cotidiana de las grandes metrópolis; el desempleo y la privación a ser explotado es un fenómeno en expansión; la informática, las telecomunicaciones, las carreteras de la información, el internet, la multimedia, la cinematografía de las grandes compañías estadounidenses, y otras hierbas más, homogenizan la imaginación y la cultura de la mayor parte de los habitantes del siglo XXI; en nombre de dios y de la justicia, y respaldado en la supremacía económica y militar, el gobierno estadounidense se abroga la facultad de perpetuar matanzas masivamente, desempeñando el papel de carnicero universal, en esta nueva realidad denominada, según algunos expertos, sociedad global o postmoderna. En medio de toda esta desventura, se alza con fuerza y dignidad una red de movimientos sociales a nivel mundial, que se oponen a la lógica del mercado impuesta globalmente; desde el movimiento rebelde de los indígenas zapatistas en el estado de Chiapas, hasta los campesinos del movimiento de los Sin Tierra en Brasil, el movimiento de antiglobalización que dio forma al Foro Social Mundial, y el heroico ejemplo del pueblo cubano, entre otros.

Es innegable que asistimos a una nueva reconfiguración del capitalismo a nivel mundial, pero también es indudable que los análisis de los intelectuales a sueldo del gran capital, sobre este nuevo contexto económico, político y cultural que estamos presenciando, han creado un gran barullo con el fin de confundir y tergiversar el estudio de la globalización. El presente ensayo, se ha propuesto analizar el fenómeno de la globalización a la luz del desarrollo histórico del capitalismo a nivel mundial, describiendo cómo el desarrollo de las fuerzas productivas y la lucha de clases son el motor de los cambios históricos fundamentales.

En el primer apartado se estudiarán las condiciones históricas, sociales y materiales que dieron origen al nacimiento del capitalismo. En un segundo momento se abordarán las características y las circunstancias históricas en que se desarrolló el capitalismo colonialista. En un tercer apartado se expondrán los rasgos fundamentales del capitalismo imperialista. En la cuarta parte se analizarán las condiciones económicas, tecnológicas, políticas y sociales que posibilitaron el surgimiento del capitalismo global. Finalmente, a manera de conclusión, se expondrán los espacios políticos de lucha, que el mismo desarrollo del capitalismo ha ido configurando, como una oportunidad de emprender una lucha radical, que posibilite la construcción de un futuro más alentador.

 

LA GÉNESIS DEL CAPITALISMO O, MEJOR DICHO, EL NACIMIENTO DE LA BESTIA


En el siglo XV no sólo asistimos al surgimiento de la primea ciencia moderna que ha registrado el pensamiento de la humanidad, sino que además se presentaron los primeros síntomas de la decadencia del modo de producción feudal. Se descubren nuevas rutas para recorrer el continente Africano; atónitos, los navegantes europeos, pisan las tierras de un nuevo continente; el nacimiento de una nueva clase de comerciantes, la burguesía, es una nueva realidad. El desarrollo de la fabricación de productos manufacturados a partir de la creciente demanda comercial dará paso a la conversión de los pequeños gremios artesanales del medioevo a las grandes fábricas. La población orillada por la falta de tierras se concentrará en las burgues, dando nacimiento a las grandes ciudades.

El siglo XV es hijo de tres grandes movimientos precursores del pensamiento moderno. El Renacimiento, es un movimiento artístico, que surge a partir del descubrimiento de las grandes estatuas griegas enterradas en Constantinopla, que ponen a la estética del Hombre como principal objeto de estudio y análisis, desafiando la cultura oficial que había impuesto el clero. La Ilustración es un movimiento científico y filosófico, que inauguran Copérnico, Galileo, Bacon y Descartes, imponiendo a los designios teológicos, el tribunal de la razón humana. La Reforma , es un movimiento religioso, en donde Martín Lutero y Juan Calvino no sólo cuestionan la interpretación oficial de la Biblia , sino que incitan a grandes masas populares a revelarse contra la religión católica, fundando un nuevo credo.

Los siglos XV al XVIII ven transformarse la vieja y tranquila Europa de la edad media, en un escenario de acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales tan sorprendentes, que dieron origen al modo de producción capitalista.

Los comerciantes, a raíz de los nuevos acontecimientos mundiales, se vieron obligados a constituirse en una nueva clase de productores-comerciantes, la demanda de productos a nivel mundial aumentó a un ritmo tan acelerado a partir del descubrimiento de América y todo el continente Africano, que el viejo taller artesanal no era suficiente. Se compraron locales más grandes que pudieran aglutinar a un mayor número de gente, y producir en serie, con el objeto de satisfacer la demanda, así es como la producción manufacturera sustituye a la artesanal. Se inventa la máquina de vapor y se introduce a la fábrica. La producción se masifica, y los costos de producción se elevan. Los viejos comerciantes se convierten en los nuevos industriales, en burgueses.

Esta nueva clase de burgueses necesitan poner la técnica y la ciencia al servicio de la producción para que reditúe mayores ganancias, pero los prejuicios teológicos del clero se lo impiden. Necesita eficientar los mercados y los medios de comunicación para transportar sus nuevas mercancías, pero las alcabalas y las aduanas de los sistemas políticos monárquicos se lo impiden. Necesita mano de obra barata, para ponerla a producir en sus nuevas fábricas los artículos que el mercado mundial demanda, pero las viejas estructuras feudales que tienen atado al campesino a su tierra también se lo impiden. La burguesía es el enemigo principal del viejo orden feudal, de la Iglesia , del clero y de todos los regímenes monárquicos hasta entonces imperantes. Era la clase de vanguardia, incitaba a las grandes masas de campesinos a derrotar a la monarquía e instaurar un régimen político democrático y representativo, según lo planteaban Maquiavelo, Montesquieu, Rosseau, Diderot y D'alembert. La burguesía necesitaba nuevos intelectuales que representaran y defendieran sus intereses de clases, y los produjo donde fue necesario, los apoyó irrestrictamente donde los había y los divulgó donde la inquisición los callaba.

El nacimiento del capitalismo, está manchado de sangre y lodo, renace la esclavitud y decrece brutalmente la población de los territorios recién descubiertos, como consecuencia de las sangrientas conquistas llevadas a cabo por el viejo continente. El hurto, el despojo, el crimen, la esclavitud despiadada, son la base para la originaria acumulación de capital. Las grandes cantidades de oro y plata, despojadas a fuego y espada a los habitantes del nuevo continente, gestaron el nacimiento de la bestia.

 

EL CAPITALISMO COLONIALISTA O, MEJOR DICHO, LOS CRÍMENES DE LA BESTIA


Esta etapa corresponde a los siglos XVIII y XIX, a la instauración definitiva del capitalismo en occidente, Europa y los Estados Unidos de Norte América. A finales del siglo XVIII, triunfa la revolución francesa, y con ella la humanidad presencia la instauración drástica de un nuevo régimen político basado en los tres poderes ejecutivo, legislativo y judicial que harán realidad un régimen democrático burgués, radicalmente distinto al monárquico. El siglo XVIII también ve desarrollarse la revolución industrial en Inglaterra, la cual masifica la maquinización de la producción capitalista. Y este siglo también verá nacer las colonias inglesas en América, que se constituyen en una nación capitalista con gran empuje comercial a nivel mundial.

El siglo XIX dejará a la humanidad desilusionada sobre los primeros efectos del nuevo Estado burgués: explotación industrial despiadada, el resurgimiento del esclavismo, la expansión delirante del colonialismo Francés e Inglés.

El capitalismo del siglo XIX según lo describe Karl Marx, en El Capital , es bestialmente despiadado. La jornada de trabajo ascendía de 16 a 18 horas diarias, la explotación extensiva de la mano de obra infantil era una realidad incuestionable. El incipiente desarrollo de las fuerzas productivas, la combustión a vapor, y los telares mecánicos recién incorporados a las fábricas, generaban alarmantes accidentes de trabajo. La explotación industrial era descomunal e inhumana. Las condiciones de vivienda de la nueva clase obrera, en donde proliferaba la promiscuidad y la insalubridad, eran inconcebibles.

El capitalismo del siglo XVIII y del XIX impulsarán el resurgimiento del régimen esclavista de producción en América. Como consecuencia del descenso abrupto de la población en el nuevo continente, producto de la conquista, los capitalistas Ingleses inician un lucrativo negocio, fundando compañías esclavistas, con habitantes de África, que eran vendidos en las minas y los campos de los capitalistas recién estrenados, en el nuevo continente.

El capitalismo de esta etapa está marcado también por el colonialismo. Las naciones más pujantes económica y militarmente se afanan en extenderse territorialmente por todo el orbe mundial. Inglaterra y Francia van a la casa de los países del continente africano y del medio oriente. Bélgica, Rusia y España no se quedan atrás, a pesar de que sus economías se resistían a impulsar el modo de producción capitalista. Las colonias inglesas, asentadas en territorio Americano, autodenominadas Estados Unidos de Norteamérica, se apropian de forma directa más de la mitad del territorio mexicano, de las islas de propiedad francesas, así como de países del Caribe.

Al nuevo modo de producción capitalista no sólo le interesaba la conquista de nuevos mercados para sus mercancías, sino la conquista de territorios que le facilitaran la provisión de mano de obra barata y materia prima abundante como fuente para generar ganancias abundantes.

Este afán colonialista de la bestia llevaría a las grandes conflagración mundiales a principios de siglo XX.

 

EL CAPITALISMO IMPERIALISTA O, MEJOR DICHO, LA BESTIA QUIERE CONQUISTAR EL MUNDO


El inicio del capitalismo imperialista se encuentra en el periodo que comprende las dos guerras mundiales, de 1920 a 1945. Las conflagraciones mundiales evidenciarían los extravíos delirantes de los países capitalistas empeñados en la repartición de los recursos naturales del planeta, con el único propósito de lucrar, que provocó una disputa bélica donde murieron miles de hombres insensatamente. Pero no sólo se manifestó abiertamente la irracionalidad del capitalismo colonialista, sino también su debacle.

Al finalizar la primera guerra mundial surgen los primeros países socialistas, el primer Estado de los trabajadores, de los explotados, de los oprimidos. Con la implantación del régimen socialista en Rusia se avizora la posibilidad de construir un sistema social alternativo al capitalismo, en donde el Hombre llegue a la autorrealización de su personalidad, deshaciéndose de las ataduras de una explotación industrial enajenante.

Al finalizar la segunda guerra mundial, las naciones triunfantes, los países aliados, entre ellos Estados Unidos (EU), los países de Europa y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), deciden repartirse el territorio de los países derrotados, e inician una confrontación económica y militar, en una carrera sin límites por la hegemonía mundial, inaugurando una etapa imperialista, y dejando atrás al viejo capitalismo colonialista, que sin embargo, algunas de sus características sangrientas habrán de sobrevivir hasta nuestros días.

Esta etapa del desarrollo del capitalismo está marcada por la polarización económica, política, militar y cultural de los bloques capitalistas y socialistas, representados respectivamente, por los E.U. y la URSS. El militarismo creciente y la guerra atómica es una nueva realidad que tendrá que afrontar la humanidad de manera latente. El imperialismo de los dos bloques políticos dominantes se expande y se configura una nueva geopolítica planetaria.

El motor de combustión interna desplaza a la vieja maquinaria movida a vapor. Y como consecuencia el petróleo, energético principal para la producción industrial, pasa a ocupar el tesoro más preciado de los regímenes en pugna.

La industria del acero es el sector estratégico de las economías de los países altamente desarrollados. Los ferrocarriles y la industria automotriz viven un auge inusitado, representan los medios de comunicación más eficientes para la venta de mercancías, y acelerar la circulación de capital.

Sin embargo, el capitalismo imperialista no sólo se centra en la carrera económica, tecnológica y militar de los regímenes comunistas y capitalistas para representar la hegemonía mundial, sino también por la necesidad de expandir su campo de influencia. Tanto EU como la URSS inician una política imperialista por la conquista de territorios, regímenes políticos y abastecimientos de materia prima. En este contexto el imperialismo yanqui se propone extender su influencia económica y política en todo el continente americano. Por lo que solapa abiertamente la imposición de regímenes dictatoriales al servicio de sus intereses en los países de Latinoamérica. Así es como la población de los países como Nicaragua, Argentina, Uruguay, Paraguay, Cuba, Brasil, México, etc., etc., etc., vivieron el saqueo de sus recursos naturales y la explotación descarnada de la mano de obra por compañías estadounidenses en contubernio con gobiernos títeres.

Así es como la bestia imperialista, hasta donde los límites se lo permitían, emprendió la conquista del mundo.

 

EL CAPITALISMO GLOBAL O, MEJOR DICHO, LA BESTIA SE ADUEÑA DEL MUNDO


A la entrada del nuevo milenio el análisis de la realidad se vuelve complejo. Por un lado se presencia el derrumbamiento del bloque socialista y, por otro, el expansionismo delirante del capitalismo salvaje. La globalización comercial se vuelve moneda corriente entre todos los ciudadanos del planeta. La acumulación de capital adquiere dimensiones impresionantes; indignados nos enteramos que la riqueza de las tres personas más poderosas del mundo es equivalente al producto interno bruto de los 48 países más pobres. Así como también han dado a conocer los informes del Banco Mundial que a escala planetaria, cerca de 3,000 millones de personas, la mitad de la humanidad, viven con menos de 1.3 dólares por día y que aproximadamente 1,000 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Sobre los 4,500 millones de habitantes que viven en los países en vías de desarrollo cerca de un tercio no tiene acceso al agua potable; una quinta parte de los niños no ingieren la cantidad mínima de calorías y proteínas que necesitan; y unos 2,000 millones de individuos -la tercera parte de la humanidad- sufre de anemia. Cada año 30 millones de personas mueren de hambre y 800 millones sufren de subalimentación crónica. Para dar acceso a las necesidades básicas (comida, agua potable, educación, salud) a toda la población del mundo bastaría con repartir el monto de las 225 fortunas más cuantiosas del mundo, menos del 4 por ciento de la riqueza acumulada. Alcanzar la satisfacción universal de las necesidades en materia sanitaria no costaría más de 13,000 millones de dólares, es decir, apenas lo que los habitantes de Estados Unidos y la Unión Europea invierten cada año en el consumo de perfumes.

Pero no sólo la acumulación exagerada de la riqueza en unas cuantas manos y el empobrecimiento brutal de la mayoría de los habitantes del planeta van a caracterizar al capitalismo global, sino también el desarrollo de las fuerzas productivas a ritmos impresionantes. El motor de combustión interna y la industria del acero van a ceder su lugar a la informática, a la computación y a las carreteras de la información, como el Internet, la multimedia y la telefonía satelital, como medios estratégicos para el desarrollo de las economías de las naciones explotadoras.

El advenimiento del Internet, como una vía de comunicación inmediata y un medio de acceso a grandes bancos de información posibilitó inicialmente la desregularización de la información y posteriormente de la economía. El capital financiero y su movilidad planetaria en décimas de segundo son el primogénito de quien más se enorgullece, esos hermosos monstruos del olimpo, conocidos como tecnologías de la información.

Aparejado a la volatilidad del capital financiero, la desregularización de la economía y el libre comercio son las marcas por las cuales se identifica a primera vista el capitalismo global. Ahora bien, el énfasis puesto en las transacciones anónimas y a corto plazo, que se realizan en las bolsas de valores de la mayor parte de los países del mundo para reactivar las economías nacionales, ha propiciado grandes crisis planetarias, en donde el capitalismo global ha podido sopesar gracias a la intervención de los grandes organismos transnacionales de financiamiento, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que han dejado a la mayor parte de los países del mundo, vía la deuda externa, más comprometidos con los intereses, designios y caprichos de la bestia global.

La bestia global tiene necesidad de conquistar mercados para deshacerse de la porquería que produce (que hace pasar por mercancías de inigualable calidad), y para ello ha emprendido una campaña mediática para generar necesidades de consumo. Las pésimas películas de las compañías estadounidenses, los artistas improvisados de mucha imagen y nulo contendido que promueven las televisoras privadas, así como las mentiras tendenciosas que difunden los noticieros estadounidenses y británicos a nivel mundial, tienen como propósito homogeneizar la cultura planetaria, al estilo de la ideología anglosajona, eufórica por consumir, donde todo se convierte en una asquerosa mercancía.

El capitalismo global, mejor conocido como la bestia global, ha escindido los Estado Nación, ya que ha convertido a los gobernantes en turno en simples payasos a su servicio, despojando a los estados de toda responsabilidad social y dándoles la función de regulador de la economía (es decir, sabuesos cuidando las propiedades del patrón). La flexibilidad del trabajo es un eslogan rimbombante para promover la desaparición de las prerrogativas sindicales como los contratos colectivos, los servicios médicos, los seguros de retiro, las jubilaciones, las pensiones, etc.

El capitalismo global sigue recurriendo a las viejas prácticas colonialistas promoviendo carnicerías humanas en las naciones, que se resisten a seguir la lógica del mercado y la explotación.

La globalización o postmodernidad son nombres con los que se encubre el capitalismo. Pero es incuestionable que el capitalismo se encuentra en una nueva etapa de desarrollo. La bestia global ha dejador por fin de ser un púber.

 

A MANERA DE CONCLUSIÓN O, MEJOR DICHO, CÓMO DERROTAMOS A LA BESTIA


Como bien alertó Marx, el capitalismo crea los medios para su propia destrucción. Las circunstancias históricas que han condicionado el nacimiento y el desarrollo del capitalismo también configuran los medios políticos, más efectivos, para combatirlo.

Es evidente que a principios del siglo XIX, cuando el capitalismo se encontraba al inicio de su desarrollo, el afán por la explotación feroz que se percibía al interior de las fábricas posibilitaba el espacio de organización de la clase obrera para adquirir conciencia de su situación e iniciar una lucha organizada del proletariado. Así pues, la lucha del proletariado se generó en el ámbito sindical. La primera internacional, fundada en 1864 en Inglaterra, en presencia de Marx y Engels, se nutría fundamentalmente del movimiento sindical organizado. Sin embargo, después de la represión a la comuna de París, en 1872, las redes de espionaje y los medios de tortura de la bestia hicieron imposible la manifestaciones abiertas del proletariado organizado.

En el siglo XX, el capitalismo imperialista y la imposición descarnada de gobernantes al servicio del gran capital, en la mayor parte de los países de Latinoamérica, generó que la lucha contra la bestia imperial se desplazara de las reivindicaciones sindicales a las luchas de liberación nacional. Es así como asistimos a la liberación del pueblo cubano, al triunfo del movimiento sandinista en Nicaragua y el triunfo del heroico pueblo vietnamita.

A principios del nuevo milenio, el capitalismo global y la escisión de los Estados Nación, así como el uso masivo de las carreteras de la información, ha vuelto obsoleta las luchas de liberación nacional, así como las posiciones vanguardistas. Se imponen las redes de movimientos sociales a nivel mundial, que han puesto a temblar a la gran bestia global. Es evidente que las nuevas tecnologías de la información son un arma que debe utilizarse para evitar que la bestia continúe derramando sangre.

Es indudable que la propuesta de los indígenas zapatitas de Chiapas, que han construido espacios de resistencia con las Juntas del Buen Gobierno, en donde el pueblo manda y el gobierno obedece, es un ejemplo a seguir.

 

Ignacio Ramonet, Estrategias contra el hambre, Le Monde Diplomatique edición mexicana, año2, No. 18, noviembre 25 - enero 14 de 1999.

Cifras obtenidas en un artículo de Ignacio Ramonet, Nuevo orden global, Le Monde Diplomatique edición mexicana, año 2, No. 24, junio 20 - julio 19 de 1999.


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